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Recientemente, el Secretario de Industria, Alberto Nadal, sacó el tema de la posibilidad de un cambio de hora en España para adaptarnos el resto de países de nuestro meridiano. ¿A quién no le ha llamado la atención ver a los turistas cenando a media tarde?, o comiendo a una hora a la que muchos todavía están con el desayuno. Qué raros son estos, pensamos. Pues lo mismo dirán ellos, pero quizás con un poco más de razón.
A principios del siglo pasado, España adoptó el tiempo solar medio en el meridiano de Greenwich como referencia para su horario, conocido entonces como tiempo de la Europa Occidental. Con la Orden de 7 de marzo de 1940, la hora española se adelantó en una hora con el fin de coincidir con la de Francia y otros países europeos, la mayoría ocupados por la Alemania de la Segunda Guerra Mundial. Ese mismo año, Francia había hecho lo mismo el mes anterior.
Esta modificación, que en principio iba a ser transitoria, acabó por establecerse de forma definitiva hasta nuestros días. Así pues, desde aquella España comparte hora con la mayoría de los países Europeos, adoptando la Hora de Europa Central (CET) cuyo huso horario es +1.
Geográficamente, España se encuentra en el uso +0 y Galicia y Canarias en el uso -1. Canarias ya tiene un horario diferente al nuestro, pero incluso geográficamente estaría ligeramente desfasado. Si para España sería recomendable esta adaptación horaria, para Galicia sería un imperativo. Está claro que la dimensión de España como país no saldría práctico un uso de hora diferente según la comunidad (algo que así ocurría a finales del siglo XIX), pero el caso de Galicia y la España occidental sólo se repite en una zona oeste de China. Es tanto el desfase entre su situación geográfica y el huso horario que la diferencia entre el momento en el que el sol se encuentra en su punto más alto (12:00 h teóricas) y el mediodía horario oficial, llega a los 160 minutos.
En los últimos años cada vez hay más voces que se suman a que se debata esta posibilidad. A pesar de su trasfondo político, hace unos años BNG planteó la necesidad de que Galicia adaptara su hora a su posición geográfica. Sin ir más lejos, en el mes de septiembre del año pasado, la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados aprobó el informe por el que pedía al Gobierno un estudio socioeconómico para conocer en detalle cuál sería la incidencia económica global de un posible cambio de huso horario en España, al cual De Guindos respondió literalmente “No lo vamos a dejar en un cajón“.
Casi un año ha pasado hasta que se ha vuelto hablar del tema, como indicamos al principio, pero lo cierto es que cada vez está más cerca la posibilidad de un planteamiento serio sobre el cambio horario.
Sin duda este cambio supondría una mejora en la conciliación entre el trabajo y la vida familiar, y posiblemente en la mejora de la competitividad y la productividad. Pero, ¿en cuestión de ahorro energético? La referencia más cercana la tenemos en las estimaciones realizadas por el Idae para el horario de verano, con la conclusión de un ahorro entorno a los 300 millones de euros. Si consideramos que la población española actualmente ronda los 48 millones, tendríamos un ahorro de 6,25€/persona, una cantidad muy poco significativa.
Sin duda, es un tema que necesita un análisis global, ya que afectaría a toda la sociedad española, pero que debería comenzar a debatirse lo antes posible.
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